Las cámaras capturan las victorias. Lo mejor se lo pierden.
José Altuve no necesita presentación en Houston. Pero la versión de él que vale la pena conocer no es la del carrete de jugadas. Es la del hombre que le sigue dando a esta ciudad mucho después de que se apagan las luces del estadio.
Entró al béisbol profesional ampliamente ignorado, pero siguió trabajando. Se convirtió en un pilar de los Astros, transformando la consistencia, la disciplina y una obsesión silenciosa con la mejora en una temporada MVP, ocho selecciones al Juego de Estrellas, tres títulos de bateo y dos campeonatos de la Serie Mundial.






























